Mario (Alicante) - Diarios secretos de sexo y libertad

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“Hola Rafael, ayer acabé de leer tu libro “Diarios secretos de sexo y libertad” y la impresión general que me queda, es que eres un escritor grande, con talento, con un futuro extraordinario. No es una tontería hacer caso a las impresiones que, tras la lectura, se quedan prendidas en la memoria, porque, al menos en mi caso, es lo que determina que tengas ganas de seguir leyéndote o no. Si simplemente me hubiera gustado, quizá demoraría seguir leyéndote hasta que no tenga otra cosa que hacer, pero no me ha ocurrido esto. Cuando he puesto fin al libro, se me queda un vacío ansioso, que sólo lo puede ocupar la lectura siguiente de este personaje peculiar.

Empezaré por los dos únicos aspectos negativos del libro. En esto no voy a ser muy original, porque ya en tu blog, un lector llamado Miguel, hace pocos días, se me adelantó a la hora de valorar este libro. El primero, la extensión, no por la cantidad de hojas, sino por la ausencia de acontecimientos que aporten algo a la narración principal. Es como un parón en seco, que frena la continuidad de la historia. El segundo aspecto, también tiene el antecedente en Miguel, y son muchos episodios de Sigmundo con las turistas en la discoteca, que resultan repetitivos. Por episodios anteriores, por la forma de pensar del personaje, por los deseos que llevan a la isla las turistas que la visitan una semana, ya sabemos todo lo que va a ocurrir. Su lectura sería como cortar un trozo de película y ver fotograma a fotograma: la variación entre uno y otro es mínima. Y no aporta nada especial al conjunto.

Pues bien, dicho esto, Rafael, también veo la disculpa. El libro no estaba pensado para novela, sino para un blog diario. En ese contexto, que tú ya me advertiste, estas dos cuestiones quedan muy diluidas.

La parte positiva del libro es el resto, todo lo demás, que es muchísimo.
Los personajes son extraordinarios. Sigmundo, el principal, es soberbio. Las contradicciones extremas en las que se mueve, le da ese carácter de realidad que hace que un personaje de libro, viva censado entre nosotros. Es el ser más despreciable, machista, inhumano y asqueroso que te puedas imaginar y, por contra, tiene los gestos más solidarios, más amorosos, más tiernos que un humano pueda realizar. Ese carácter de sombra y luz a la vez, lo has trazado con maestría. Si te hubiera dado por hacer un Papa ateo, un bombero pirómano o un médico asesino, lo hubiéramos creído, porque narras las contradicciones de forma tan justificada, que nos las creemos.

El resto de personajes andan por la misma línea: Saki, la Virgen María, el argentino, la holandesa…. Todos excepcionales. La evolución de los tres primeros, que son el contrapunto de Sigmundo, beben de la misma maestría y son tan necesarios, como él en la historia. Sin ellos, no se comprendería muchas de las acciones de Sigmundo

Me ha gustado también, la parte técnica. Es lo que me ha terminado de convencer de que eres un gran escritor. El lenguaje exacto, real, sin artificios; el tamaño ajustado de cada oración, frase, diálogo…; el exuberante mundo que despliegas a la hora de contar los acontecimientos: no andas por los caminos trillados y el desenlace de muchos episodios, aunque sean mínimos, los salvas con admiración y originalidad; el modo de narrar que te atrapa, porque el ritmo interno de la frase es el único posible en lo que cuentas… En fin, tantos pequeños detalles, que te hacen escritor y que deben pasar desapercibidos a un lector, que sólo se acerca a un libro por el placer de la lectura.

Para acabar, Rafael, decirte que si tengo ganas de seguir leyéndote, aparte de por todo lo que te he dicho anteriormente, es porque si este es el primer libro, el resto deben ser impresionantes, o así me lo espero, porque habrás ahondado en todo lo bueno que ya has desplegado en éste.

Gracias por el buen agosto que me has dado.

Mario”