David (Madrid) - El comedor de...

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“El sexo ya sea con uno mismo con dos o con mil, vamos, al gusto consentido por el resto de participantes , las perversiones sexuales, incluso el misionero, la pornografía en definitiva es algo que ha acompañado al ser humano desde su nacimiento o eso podemos imaginar ya que no tenemos constancia como tal de ello pero de lo que si que podemos estar bastante seguro es que es muy probable que fue así ya que desde que tenemos datos, pruebas, cultura en definitiva, ese rastro de nuestro paso por el planeta Tierra, existen huellas de lo salidos que siempre hemos estado, de las ganas de follar, no solo de perpetuar la especie , no, de disfrutar de manipular el hecho de la reproducción de mil maneras diferentes para dar y recibir placer. Ahora debería de demostrar mi afirmación, mostrar que la pornografía existe desde que existe la cultura, pero no es el lugar, ni el momento de hacer un viaje en el tiempo de miles de años para ir mostrando que es así, pero es fácil, si os apetece si os entra la curiosidad necesaria , googlear por ejemplo sexo y prehistoria y aparecerá por arte de magia una pequeña demostración.

Así llegamos a julio de 2013 y a “El comedor de coños” una novela auto publicada por Rafael Fernández, la tercera que gira alrededor de su personaje principal, inclasificable, lleno de luces pero sobre todo de sombras, Sigmundo, una especie de alter ego del propio autor del que iremos descubriendo a lo largo de las tres novelas su vida sexual con todo detalle, o a pelo como le gusta.

En “El comedor de coños” se ha producido una evolución favorable en la forma y en el fondo sobre las dos primeras novelas, la estructura de la trama esta mucho mas trabajada que en “20 polvos” y que en la primera novela aunque esto último es lógico pues los diarios son eso, una especie de cajón desastre lleno de experiencias y vivencias plasmados en un blog y mas tarde convertidos en libro. Por lo tanto si las dos primeras novelas ya son buenas de por si esta tercera se acerca cada vez más a lo que podemos denominar como novela definitiva que es lo mas cercano que se puede estar de la perfección la cual en mi humilde opinión es imposible ya que no existe la novela total o definitiva, la ultima novela, el último libro por el cual ya no sería necesario escribir ni leer más. Siempre hay grietas a las que agarrarse para poder seguir evolucionando.

En una primera lectura es clara la intención de Rafael Fernández de hacer una novela pornográfica, de sexo explícito, perverso, en momentos ayudándose de imágenes y palabras en muchos casos pertubadoras y no para todos los públicos pero que a otros puede llegar a causarles mas de un dolor placentero en la entrepierna lo que provoca una lectura en tres dimensiones. Ademas claramente es una pornografía hecha desde la masculinidad, que no quiere decir que sea solo una novela para hombres o machista, bueno un poco o un mucho, seguramente que para un visión feminista radical esto es un catálogo aberrante de lo HDP que somos los hombres y una justificación excelente para no cambiar de opinión aunque no sea cierto. O al contrario (que guarras y zorras son las mujeres…) aunque tampoco sea así.

Sería fácil terminar ahí, porno, sadomasoquismo, mamadas, comidas de coño, sólo con eso se puede hacer algo no sé si es brillante pero seguro que muy, muy apetecible para el lector, pero en esta ocasión el autor no se ha recreado solo en el sexo por el sexo sino que lo ha cubierto de una trama interesante, de un drama trágico lleno de intrigas no resueltas hasta el final que en algunos momentos a mí como lector me han llegado a
emocionar y a sentir el dolor y el odio del protagonista. Un viaje a lo más oscuro de la vida del protagonista, y en definitiva de nosotros mismos de la sociedad que nos desgarra por fuera y por dentro día a día. Una novela llena de significados mas allá del sexo.

“El comedor de coños” y Rafael Fernández, su autor, se proclaman por medio de las aventuras y desgracias de Sigmundo en un producto muy apetecible, con un formato canario pulp ibérico muy respetable que dejara satisfechos tanto a los amantes del porno como a las mentes que quieran algo más que hacerse unas pajas leyendo esta novela porque en definitiva no solo de pornografía vive el hombre!

Como epílogo a este experimento me gustaría señalar también el sentido del humor del autor que aunque en esta ocasión no es tan llamativo si está presente en algunos momentos que te hacen soltar una carcajada sincera de esas que a mi últimamente me cuesta sentir de verdad, así que hago un llamamiento para que Rafael Fernandez siga escribiendo, siga mejorando tanto en argumento como en formas estructurales de narrar y si puede ser una comedia total desde el principio hasta el final, sin sentido, pero llena de ese humor que hace tan especial a este autor seria ya la puta polla sagrada en vinagre de reserva de los reservas.”