CAPÍTULO 9
“EL EXTRAÑO CLIENTE”

—Voy a hacer lo que me has propuesto. ¿Qué quieres a cambio, Berry? —preguntó Michael Jackson.

—Soy un hombre inmensamente rico –contestó Berry—. No me hace falta más dinero. Lo único que quiero es ver como cumples tu sueño... y terminar de vengarme de ese ejecutivo racista. Ese tipejo robó un montón de canciones a un montón de negros para que Elvis Presley consiguiera coronarse rey de la música que crearon nuestros hermanos. Ahora roba tú a los blancos y conviértete en el rey de la música que ellos crearon: el pop.
Michael Jackson viajó al año 2014.

Entró en una pequeña tienda de música de Detroit. Eligió tres recopilatorios de los grandes éxitos de los años 80. Sin embargo, descubrió que los grandes éxitos no se vendían en formato casete, sino en pequeños y extraños discos llamados CD.

—¿No tiene esta misma música en casetes normales y corrientes? —preguntó Michael a la joven dependienta.

—¿Casetes? ¿Bromeas? Tenemos alguna edición especial de algún single en vinilo, pero no de estos grandes éxitos.

—¿Cómo escucho los CD?

La dependienta no sabía si el jóven al que atendía era un bromista o simplemente un “paleto”. Por su forma de vestir, típica de la década de los 70, y su pelo afro pensó que era un joven excéntrico que no andaba muy bien de la cabeza y que jugaba a seguir viviendo como hace décadas. No obstante, Michael 48
Jackson se mostraba muy sorprendido ante el CD: realmente parecía que era la primera vez en su vida que veía uno. La dependienta le enseñó unos pequeños reproductores portátiles de CD que se escuchaban a través de unos potentes auriculares.

—Comprando esto puedes escuchar un CD.

—Oh, gracias. Fabuloso. Me llevo todo.

La dependienta condujo a Michael al mostrador para cobrar la venta. Michael entregó el dinero y la dependienta, al ver los billetes que el extraño cliente le entregaba, se sorprendió:

—¿Está de broma?

—¿Por?

—¿Son verdaderos estos billetes?

—¡Claro!

—Los de ahora tienen otro diseño. Diferentes.

—Son billetes verdaderos. Se lo prometo.

—No digo que no. Pero son viejos, no sé si aún son de curso legal. ¿No tienes billetes actuales o una tarjeta bancaria?

—No.

—No puedo cobrarte con estos billetes. Lo siento.

Michael Jackson se puso nervioso. Pensó qué hacer. ¿Regresar a 1978 y volver a viajar al 2014 con oro o algún objeto de valor para venderlo y conseguir billetes actuales? ¿Por qué no hacerlo ahora mismo?

Michael se quitó su reloj de pulsera.

—¿Puedo llevarme aunque sea uno de los CD y el reproductor a cambio de mi reloj? Es un reloj muy caro.

—¿Qué? ¡Yo no soy ninguna experta en relojes! ¿Por qué no te vas a un cajero y regresas con dinero normal y corriente?

—¿Un cajero? ¿Qué es un cajero?

Michael Jackson la miró nervioso. La dependienta supo qué iba a hacer, en qué estaba pensando el extraño cliente. Intentó impedirlo: quiso avisar al guardia de seguridad que vigila la salida de la tienda. Pero en este momento, el guardia, estaba en el fondo de la tienda vigilando a otros clientes. La dependienta gritó. Michael Jackson tomó la bolsa con los CD, el reproductor y salió corriendo de la tienda. Corrió más veloz de lo que nunca había corrido. Corrió sabiendo que todos sus sueños iban a cumplirse gracias a lo que guardaba en el interior de esa bolsa. Corrió sabiendo que el contenido de aquella bolsa iba a salvarle de un destino horrible. Nadie pudo pararle. Recorrió calles, atravesó parques y cruzó esquinas hasta que se atrevió a detenerse para recuperar el aliento y poder regresar a 1978.
Su segundo viaje en el tiempo fue a una clínica del futuro para que le operaran de la garganta:

—Tiene suerte de haberlo detectado a tiempo. Si llega a venir más tarde posiblemente habría perdido la voz —le aseguró el cirujano.

—Lo sé —contestó Michael.

Su tercer viaje en el tiempo fue para ayudar, de forma anónima, al Michael Jackson de la otra línea temporal. Le compró una casa, le hizo un seguro médico y le hizo llegar una asignación mensual de por vida. El “otro” Michael Jackson se casó con una vietnamita que conoció en 1984. El “otro” Michael Jackson desarrolló su creatividad y se convirtió en un guionista y dibujante de cómics de significativo éxito. Nunca supo la identidad de su benefactor. Jamás descubrió que el misterioso ángel era él mismo.

De los CD de “Grandes éxitos de los 80” Michael seleccionó los éxitos que compondrían “Thriller”. Normalmente, un disco que se convierte en un superéxito vende dos o tres millones de copias. De “Thriller” se vendieron cien millones, convirtiéndose en el disco más vendido de todos los tiempos. Los entendidos de la música aseguran que es un récord imbatible.

Michael Jackson se coronó “Rey del Pop” en 1991 con el lanzamiento de “Dangerous” su octavo álbum en solitario. Hacía seis años que había dejado de realizar viajes en el tiempo: decidió dejar de viajar cuando notó que su piel estaba enfermando. No encontró cura. Su piel oscura se decoloró hasta alcanzar el mismo innatural color blanco que la del Sr. Tarareador. El color rojizo de sus labios desapareció: para que se le advirtieran los labios debía pintárselos con carmín. La luz del sol le provocaba un daño inmenso. Su ojos comenzaron a hundirse. No tuvo más remedio que recurrir a la cirugía estética y gastarse millones de dólares para combatir la deformidad. Y aún así el resultado no fue satisfactorio:

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La enfermedad de los viajes en el tiempo provocaba tanto dolor que comenzó a necesitar de una gran dosis diaria de tranquilizantes para conciliar el sueño o conseguir levantarse de la cama.

Michael Jackson murió el 25 de junio de 2009, a la edad de 50 años, debido a una sobredosis de “Demerol”: el mismo tranquilizante que le trajo la muerte a Elvis Presley.

Los familiares de Michael Jackson encontraron la máquina del tiempo en el sótano de su rancho, “Neverland”. Ninguno supo qué objeto era aquel, para qué servía esa máquina. Berry Gordy decidió callar: no estaba interesado en que se descubriera el secreto del éxito de Michael Jackson, a quien seguiría queriendo por siempre como a un hijo. Tampoco reclamó la máquina: ya era viejo y sólo quería morir tranquilo.

—Hasta que algún ambicioso músico o ejecutivo de una discográfica no descubra esa máquina del tiempo —reflexionó Berry Gordy– el mundo no volverá a conocer a un portento de la música capaz de generar tantos grandes éxitos como los que consiguieron los extraordinarios —o quizá no tanto— Elvis Presley, “The Beatles” y Michael Jackson.

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