CAPÍTULO 8
“SI MICHAEL JACKSON NO HUBIERA
SIDO MICHAEL JACKSON”

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Michael Jackson comenzó a cantar con sus hermanos a la edad de 5 años. Su padre, un cantante de blues frustrado que trabajaba en una fábrica de metales, formó un grupo de música con sus hijos: los “Jackson 5”

—Les haré llegar a donde no llegué yo –se prometió.

El pequeño Michael Jackson poseía una maravillosa voz y bailaba como un duende. Sus actuaciones comenzaron a demandarse y el grupo brillaba tanto que al poco tiempo logró llamar la atención de una gran discográfica, “Motown Records”. El contrato discográfico que los “Jackson 5” firmaron con ellos les convirtió en una de las bandas más populares de su época. En su debut discográfico, consiguieron que sus primeros cuatro sencillos (“I Want You Back”, “ABC”, “The Love You Save”, y “I’ll Be There”), llegaran a lo más alto de las listas de éxitos estadounidenses. Varios sencillos lanzados posteriormente, entre ellos “Mama’s Pearl”, “Never Can Say Goodbye” y “Dancing Machine”, consiguieron llegar al Top 5 del pop y al “número 1” en las clasificaciones de R&B. A principios de la década de 1970, se consideró a los “Jacksons 5” como uno de los más grandes fenómenos de la música popular.

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Pasaron los años. Michael dejó de ser un niño y el éxito le abandonó. Para colmo, a la edad de 24 años una rara enfermedad de garganta despojó a Michael Jackson de su maravillosa voz dejándole en su lugar una voz muy desagradable: parecida a la de una serpiente.

—“Si te hubieran detectado la enfermedad cuando se estaba originando, no hubieras perdido la voz” —le dijo un médico.

A los 39 años de edad, Michael Jackson trabajaba media jornada como portero de una escuela en Gary, Indiana. No veía mucho a sus hermanos ni a sus padres. El éxito se había marchado, era un suceso demasiado lejano y cada uno había rehecho su vida. Michael no tenía pareja: le costaba acercarse a las chicas debido a su horripilante y desagradable voz. Le causaba complejo ser pobre tras haber tenido tanto. Además, su espíritu era tímido y frágil.

Cada mañana los niños del colegio se reían de él:

—¡Ehh, cántanos “ABC”! —le decían.

La creativa cabeza de Michael Jackson estaba llena de sueños: cuando se emborrachaba en un club de la ciudad, al que iba a bailar los fines de semana, no paraba de repetir a quien quisiera escucharle:

—Me gustaría haber hecho un cortometraje, que en realidad sería un vídeo musical, donde me convertiría en hombre lobo y bailaría con zombis.

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Cuando el club iba a cerrar las puertas y se encendían las luces para que el público marchara, Michael Jackson se subía a una mesa del club y cantaba y bailaba el último éxito que consiguió con los “Jacksons 5”: “Dancing Machine” pero, como tenía una voz tan horrible y estaba tan gordo, el público del club se reía de él. Los “gorilas” de seguridad no le echaban del club a golpes, ni los gamberros le tiraban botellas de cerveza a la cabeza, sabían lo que era: un perdedor, un soñador inofensivo que procuraba a quien le viera, vergüenza ajena.

En ese club empezó a tomar LSD. Se hizo adicto.

A los 50 años de edad Michael Jackson era un hombre aún más desdichado y solitario. Su cabeza se había desconectado del mundo real, estaba demente: había perdido su trabajo de portero en la escuela, vivía bajo un puente abandonado de la ciudad de la que sabía que nunca saldría.

Una noche vio a un niño de raza blanca, caminando solo por las calles. El niño lloraba, tenía hambre, su cuerpo temblaba de frío. Había huido de su casa: su madre había muerto hace años, vivía con su padre, que le pegaba cuando se emborrachaba y cuando no se emborrachaba.

Michael Jackson se acercó a él: le distrajo de sus problemas haciéndole reír con sus bailes y con sus sueños. En plena calle, le representó los vídeos clips que el LSD y su demencia le ayudaban a imaginaba protagonizar: “Smooth Criminal” “The way you make me feel”. El niño tenía hambre. Michael Jackson gastó el dinero que había conseguido mendigado durante el día para comprarle una hamburguesa. Luego, sobre un viejo colchón, durmieron juntos.

Michael le besó en la frente; le abrazó durante toda la noche para protegerlo del frío. Antes de quedarse dormido, pidió a Dios que el niño se quedara con él, que mañana no se marchara, que se convirtieran en amigos inseparables.

A la mañana siguiente, el padre del chico los encontró durmiendo, abrazados. Sin dejar que Michael se explicara y tras apartar a su hijo de él, trató de matar a Jackson a patadas, al tiempo que le gritaba:

—¡Asqueroso negro pedófilo! ¿Qué le has hecho a mi hijo?

La policía llegó. Detuvieron a Michael Jackson. Se le acusó de secuestro y tocamientos. El día del juicio el niño, atemorizado por el padre, declaró en contra de Michael Jackson: porque si contaba la verdad, el padre tendría que indemnizar a Michael por la brutal paliza que le había proporcionado y que iba a procurarle secuelas de por vida.

—Yo sólo lo amaba –declaró Michael Jackson en el juicio –Sólo quería cuidarlo por siempre. Para que nunca más se sintiera mal.
Michael Jackson no soportó la vida en cárcel: se ahorcó en su celda el 25 de junio de 2009.

Lee el capítulo 9