CAPÍTULO 4
Año 1962: los chicos llegan a la ciudad

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El ejecutivo racista firma un contrato en exclusiva con “Parlophone” para surtir de canciones a un grupo con mucho potencial y que recién empieza en el negocio. El grupo se llama “The Beatles”.

—Dos muchachos del grupo, Paul y John, volarán desde Liverpool para verte regularmente, Sr. Tarareador. Olvídate de Elvis Presley. Ya no le verás nunca más.

—¿Por qué?

—Se ha convertido en tal estrella que los mejores compositores de la industria le ofrecen sus mejores canciones. El desagradecido ya no nos quiere pagar lo que le pedimos por nuestros grandes éxitos. Dice que no nos necesita. Hemos firmado con los ingleses un contrato por el doble de dinero a cambio de cada “número uno” que les consigamos.

—Sin problemas. Voy a hacer a esos chavales más famosos que Jesucristo —dijo el Sr. Tarareador.

Y en los meses siguientes el Sr. Tarareador tarareó para Paul McCartney y John Lennon: “She loves you”, “I want to hold your hand”, “Something” (Paul y John regalaron la autoría de esta canción a otro de los integrantes del grupo, George Harrison, cuando este amenazó con irse del grupo) “A hard day´s night”, “Help”, “Strawberry Fields Forever”, “All you need is love”, “Hey Jude”, “Get Back”, “Come together”, “Here comes the sun” y “Let it be”.

El Sr. Tarareador también les dio el nombre de los verdaderos compositores de todos esos grandes éxitos con el propósito de que fueran asesinados:

—Hay dos tipos de criminales —no se cansaba de repetir el Sr. Tarareador— Los que dejan “cabos sueltos” y los que no. A los que no dejan “cabos sueltos”, les suele ir bien. Los otros, siempre terminan con grandes problemas.

Al igual que Elvis Presley, ni Paul ni John decidieron que era necesario ocuparse de esos “cabos sueltos”. Se limitaron a registrar aquellas canciones como propias y a vender millones y millones de discos. La “Beatlemanía” golpeó al mundo con la misma intensidad con la que antes había sido golpeado por la “Elvismanía

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