¡EXCLUSIVA MUNDIAL!
ENTREVISTAMOS AL SEÑOR TARAREADOR

 El Sr. Tarareador.

El Sr. Tarareador.

“UN MENSAJE PARA MIS AMIGOS DE LA CIA: NO ESTOY MUERTO. Y MIS VECINOS SON ELVIS PRESLEY, LENNON Y
MICHAEL JACKSON”

El Sr. Tarareador se ha convertido en un mito desde que el ex-agente del FBI, Rafferty Z. Jackson, desveló al mundo que los Estados Unidos de América
tienen una máquina del tiempo extraterrestre y que cantantes como Elvis, Lennon, McCartney o Michael Jackson se aprovecharon de ella para convertirse en los más famosos intérpretes de la historia de la música. La sorpresa ha sido aún más mayúscula cuando Rafferty Z. Jackson hizo pública esta pequeña entrevista con el Señor Tarareador, al que todos daban por muerto.

Sr. Tarareador ¿Por qué aparece ahora?

Mis doctores me han dicho que me queda menos
de un mes de vida. He cumplido 84 años. Ya nada
pueden hacerme, no tienen tiempo para encontrarme.
He tenido una vida increíble. Muero dejando
tras de mí cientos de millones de dólares. A pesar de
todo lo que me he empeñado y vivido a tope, no he
conseguido gastarme todo mi dinero. Voy a cumplir
mi objetivo de morir siendo el más rico del cementerio.

Pero en Suiza apareció su cadáver.

Eso es lo que les hice creer. Cuando Paul “cantó”, tras la muerte de Lennon, supe que era hora de desaparecer. La mejor manera de desaparecer es morir. Yo ya había trazado un plan y un método perfecto para fingir mi propia muerte. Lo tenía todo planeado desde antes de empezar a tararear canciones. Era mi plan B por si aquel ejecutivo racista me fallaba, delatándome. Trabajé muchos años dentro de la CIA. Sabía como engañar a mis excompañeros. Y yo ya había hecho una prueba con Elvis Presley.

¿Qué quiere decir?

Elvis estaba aterrado. El incidente con Reynoldo Deforno le volvió loco. Vino a verme, a pedirme que hiciera memoria y le diera el nombre de las otras personas a las que le habíamos robado sus canciones. Yo le propuse algo mejor: fingir su propia muerte. “¿No estás cansado de ser tan famoso?” le pregunté. “¿No te gustaría tener una vida normal, cultivar un pequeño huerto, pasear por la playa tranquilamente?”. Elvis comenzó a llorar. “Es todo lo que quiero. Mi fama es una condena, un infierno”, dijo. “Yo puedo dártelo”, afirmé. Y entonces creé una organización: “La compañía”.

¿Y tuvo más clientes?

Claro. Lennon fue el siguiente. Aunque su caso fue totalmente distinto. Él no me buscó, yo vi en su intento de asesinato una oportunidad de negocio. En el quirófano del hospital conseguí reunirme con él:
—“¿Has tenido suficiente, John?” —le pregunté— “¿Quieres desaparecer y dejar la fama atrás?”
Contestó que sí y lo organicé todo sobre la marcha. Michael Jackson fue mi último cliente (por ahora). Cada uno me pagó algo más de 100 millones de dólares a cambio de que les llevara a vivir a un lugar tropical. Me hicieron más rico fingiendo sus muertes que tarareándoles canciones.

¿Tiene algún mensaje que darle a la humanidad antes de volver a morir?

Sí. Que transgredan. Que hagan lo que quieran, siempre. Que nunca hagan caso al Estado. Pero que sean listos. Los más listos, siempre.

¿Esta vez va a morir de verdad?

Eso ya no te lo voy a contestar. ¡Ja, ja, ja!. Quizá, cuando menos lo esperéis, reapareceré.

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