CAPÍTULO 10
“PLAYA DE CUEVA”

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Veinticinco de junio de 2009. Michael Jackson abre los ojos:

—¿Se lo han creído?

—Sí. Estás muerto —contesta el cirujano.

—¿Puedo ver ya mi nuevo rostro?

—No. Todavía debes llevar la cara vendada.

Michael se levanta de la camilla de operaciones. Se tambalea: aún siente la intensa droga con la que consiguió engañar a los paramédicos de urgencias que le auxiliaron en su mansión de Holmby Hills. Tras su viaje en ambulancia todo ocurrió como “La compañía” había planeado: sacaron a Michael de la morgue del hospital y dejaron un cadáver con el aspecto físico del cantante. Los forenses que están encargados de realizar la futura autopsia están sobornados. Certificarán la fatal causa de la muerte y que ese es el cadáver de el “Rey del Pop”. Luego se enterrará el falso cadáver del cantante para siempre.

—¿Puedo irme? —pregunta Michael Jackson.

—Sí. Te esperan.

Un empleado de “La compañía” escolta a un momificado Michael Jackson hasta el aeropuerto. El destino: un bellísimo, remoto y desconocido lugar tropical del mundo. Allí es donde “La compañía” traslada a los grandes artistas que no desean seguir viviendo como las grandes celebridades en las que se han convertido. O que temen por sus vidas. “La compañía” les proporciona una muerte falsa, una nueva identidad, un nuevo físico y una bonita casa con un pequeño huerto.

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